Hablar de lavanda es hablar de verano, de manos perfumadas después de tocar sus flores y de ese aroma que parece poner orden donde había ruido. La lavanda no es solo una planta bonita. Es medicina antigua, es cosmética natural, es hogar. Y en Somos Tierra la sentimos como una de esas aliadas que nunca fallan.
La lavanda, conocida botánicamente como Lavandula angustifolia, es originaria de la cuenca mediterránea. Crece en terrenos pobres, pedregosos, bañados por el sol y el viento. Le gusta la altura, el suelo bien drenado y la austeridad. Quizá por eso es tan resiliente. En el Prepirineo la vemos florecer a comienzos del verano, tiñendo el paisaje de violeta y llenando el aire de un perfume que no necesita presentación.
Historia de la lavanda: de los baños romanos a la cosmética natural
La historia de la lavanda es larga y profundamente aromática. Los romanos la utilizaban en los baños públicos para perfumar el agua y purificar el ambiente. De hecho, su nombre proviene del latín lavare, lavar. En la Edad Media se colocaba en los suelos de las casas y en los armarios para proteger la ropa y alejar insectos. También fue planta de botica y de convento, utilizada para calmar nervios, aliviar dolores de cabeza y cuidar la piel.
A lo largo de los siglos, la lavanda se ha consolidado como una de las plantas medicinales más versátiles de Europa. Su uso tradicional como calmante del sistema nervioso y regenerador cutáneo ha pasado de generación en generación, formando parte de remedios caseros, ungüentos y aguas florales.
Cómo recolectar lavanda con respeto
Recolectar lavanda es casi un ritual. El mejor momento es cuando las flores están abiertas, pero todavía frescas, generalmente a primera hora de la mañana, una vez que el rocío se ha evaporado y antes del sol fuerte del mediodía. Así conservamos mejor sus aceites esenciales.
Se cortan las espigas florales con tijeras limpias, dejando parte del tallo para que la planta pueda rebrotar. Nunca se arranca de raíz y nunca se coge más de lo necesario. Si es silvestre, la recolección debe ser aún más cuidadosa, respetando el entorno y asegurando que la población pueda regenerarse año tras año.
Después, se atan pequeños ramilletes y se cuelgan boca abajo en un lugar seco, ventilado y sin luz directa. En unas semanas tendremos flores secas listas para infusiones, saquitos aromáticos o maceraciones en aceite.
Propiedades de la lavanda para la salud y la piel
La lavanda destaca por su contenido en aceites esenciales, especialmente linalol y acetato de linalilo. Estos compuestos son responsables de su aroma inconfundible y de buena parte de sus propiedades terapéuticas.
La lavanda es calmante del sistema nervioso. Ayuda a reducir la tensión, el estrés y esa sensación de ir aceleradas todo el día. Una infusión suave de lavanda o unas gotas de aceite esencial en difusión pueden transformar el ambiente de una casa.
También es regeneradora cutánea. Aplicada en aceite macerado o en preparados de cosmética natural, la lavanda calma pieles irritadas, enrojecidas o con pequeñas quemaduras solares.
Además, tiene propiedades antisépticas y ligeramente antibacterianas. Por eso se ha utilizado tradicionalmente para pequeñas heridas, picaduras o granitos.
Y no nos olvidemos de su acción digestiva suave. Una infusión de lavanda puede ayudar cuando el estómago se cierra por nervios o tensión acumulada.
La lavanda en nuestra cosmética sólida
En Somos Tierra utilizamos lavanda cultivada y recolectada con mimo en el entorno del Prepirineo. Nos gusta trabajarla en forma de oleato (aceite macerado), tintura o aceite esencial, según lo que queramos conseguir en cada fórmula.
En nuestro champú sólido +VITALIDAD, la lavanda aporta equilibrio al cuero cabelludo. Ayuda a calmar irritaciones y a mantener la piel en armonía, mientras su aroma convierte el lavado en un pequeño ritual de autocuidado consciente.
En nuestro AFTERSUN sólido, la lavanda es protagonista. Después de un día de sol, la piel pide calma. La combinación de lavanda con otras plantas medicinales refrescantes y regeneradoras ayuda a suavizar la sensación de calor y a acompañar la recuperación natural de la piel.
Trabajamos la lavanda como lo que es: una planta completa, con alma. No como un simple perfume, sino como un ingrediente activo que cuida de verdad.
Ideas para usar lavanda en casa
Más allá de la cosmética sólida, la lavanda tiene mil vidas en el día a día.
Puedes preparar un saquito de flores secas para la almohada y favorecer un sueño más profundo.
Puedes hacer una infusión suave y añadirla al agua del baño para crear un momento de descanso.
Puedes macerar sus flores en aceite de oliva ecológico durante cuatro semanas y obtener un aceite corporal calmante ideal para masajes.
O simplemente puedes sentarte cerca de un campo de lavanda y respirar. Que tampoco es poca cosa.
La lavanda como símbolo de sencillez y equilibrio
La lavanda nos habla de sencillez, de resistencia y de belleza austera. No necesita suelos ricos ni cuidados excesivos. Florece donde otras plantas no pueden. Y aun así, regala aroma, color y medicina.
Quizá por eso nos gusta tanto. Porque nos recuerda que lo esencial suele ser sencillo y que el cuidado puede empezar en algo tan pequeño como una flor violeta.
Si quieres aprender más sobre cómo utilizar la lavanda y otras plantas medicinales en tu día a día, te invitamos a suscribirte a nuestra newsletter. Al hacerlo, te regalamos nuestro ebook Remedios Naturales para el día a día, donde encontrarás varias recetas y preparaciones en las que la lavanda es protagonista.
Un pequeño paso para reconectar con la sabiduría de las plantas y traer un poco más de bosque a tu rutina diaria. Te esperamos al otro lado!!!
