Hay algo casi mágico en cortar una hoja de aloe vera.
Por fuera parece una planta dura, incluso un poco antipática, con sus hojas gruesas, sus pequeños pinchos y esa apariencia de no necesitar a nadie. Pero basta abrir una de sus hojas para descubrir lo que guarda dentro: un gel fresco, transparente y lleno de propiedades para cuidar nuestra piel.
Y lo más curioso es que esta planta, capaz de sobrevivir durante semanas sin apenas agua, guarda en su interior precisamente eso, agua. Muchísima agua.
El aloe vera es una de esas plantas que nos recuerdan que la naturaleza tiene sus propias maneras de hacer las cosas. Y que, muchas veces, las soluciones más sencillas llevan siglos creciendo en una maceta.
Una superviviente de los lugares secos
El aloe vera (Aloe barbadensis Miller) es una planta suculenta que pertenece a la familia de las asfodeláceas.
Sus hojas carnosas funcionan como pequeños depósitos de agua. Gracias a ellas puede soportar largos periodos de sequía y temperaturas elevadas.
Es una planta acostumbrada a aprovechar cada gota.
Y quizá por eso resulta tan interesante: lo que le permite sobrevivir en condiciones difíciles es también lo que convierte su gel en un ingrediente estupendo para hidratar nuestra piel.
Aunque hoy podemos encontrar aloe vera en jardines, terrazas y balcones de medio mundo, su historia viene de muy lejos.
Egipcios, griegos y romanos ya utilizaban distintas especies de aloe para preparar remedios y cuidar la piel. Durante generaciones ha pasado de unas manos a otras, formando parte de esos conocimientos que antes se aprendían observando a quienes sabían de plantas.
Cómo cultivar aloe vera en casa
Una de las cosas que más nos gustan del aloe es que no necesita demasiadas atenciones.
De hecho, si eres de esas personas que se olvidan de regar las macetas, probablemente os llevéis bastante bien.
Le gusta la luz abundante, el calor y los suelos que drenan rápidamente. Lo que peor lleva es tener las raíces constantemente mojadas.
Para cultivarlo, busca una maceta con agujeros de drenaje y utiliza un sustrato adecuado para cactus y suculentas.
Riégalo cuando la tierra esté seca y reduce mucho los riegos durante el invierno.
Eso sí, hay algo que no le gusta nada: las heladas. En lugares donde el invierno no se anda con tonterías, es mejor mantenerlo protegido del frío.
Con el tiempo, una planta sana empezará a producir pequeños hijuelos a su alrededor. Puedes separarlos cuando tengan raíces propias y cultivarlos en otras macetas.
Y así, casi sin darte cuenta, acabarás regalando aloes a media familia.
Propiedades del aloe vera para la piel
Lo realmente interesante del aloe vera está escondido en el interior de sus hojas.
Su gel contiene agua, polisacáridos, vitaminas, minerales y otros compuestos vegetales que le proporcionan propiedades hidratantes, calmantes y antioxidantes.
Pero más allá de los nombres complicados, lo bonito es descubrir lo que puede aportar a nuestra piel.
Hidratación y suavidad
El gel de aloe vera ayuda a mantener la hidratación de la piel y proporciona una agradable sensación de suavidad.
Es especialmente útil cuando notamos la piel seca, tirante o castigada por el viento y los cambios de temperatura.
Frescor y calma
Pocas cosas resultan tan agradables como la sensación fresca del aloe sobre la piel.
Tradicionalmente se ha utilizado para aliviar pequeñas irritaciones y molestias superficiales, especialmente después de pasar demasiado tiempo al sol.
Sus propiedades calmantes y antiinflamatorias son algunas de las más apreciadas.
Cuidado y reparación de la piel
El aloe también es conocido por su uso tradicional en el cuidado de pequeñas heridas, quemaduras y rozaduras.
Sus componentes participan en procesos relacionados con la reparación cutánea, una de las razones por las que esta planta ha ocupado durante tanto tiempo un lugar especial en los remedios populares.
El aloe vera en nuestras mascarillas faciales
En Somos Tierra nos gusta que las plantas tengan sentido dentro de cada fórmula.
No elegimos un ingrediente porque esté de moda o porque su nombre quede bonito en una etiqueta.
Lo elegimos por lo que aporta.
Por eso utilizamos aloe vera en nuestras mascarillas faciales. Su capacidad hidratante, su frescor y sus propiedades suavizantes combinan estupendamente con los demás ingredientes vegetales.
Y hay algo que nos encanta de las mascarillas: ese pequeño momento en el que dejamos de hacer cosas para dedicarnos unos minutos.
Preparar la mezcla, extenderla sobre el rostro, notar su textura y dejar que actúe.
Sin prisas.
Porque cuidar la piel también puede ser una manera de cuidarnos a nosotros mismos.
Y para eso no necesitamos un armario lleno de productos. Necesitamos buenos ingredientes y encontrar un ratito para disfrutarlos.
Cómo aprovechar una hoja de aloe vera
Si tienes una planta adulta en casa, puedes utilizar parte de su gel.
Escoge una hoja exterior, de las más grandes, y córtala cerca de la base.
Al hacerlo verás que aparece un líquido amarillento. Es el látex del aloe, que contiene aloína y puede resultar irritante.
Deja escurrir la hoja, lávala y retira cuidadosamente la corteza, procurando separar completamente ese líquido amarillo del gel transparente.
El gel limpio puede utilizarse fresco sobre una pequeña zona de piel sana, después de comprobar que lo toleras bien.
Como no lleva conservantes, es mejor prepararlo justo antes de utilizarlo.
Y una curiosidad: no todas las plantas que llamamos aloe son iguales. Existen cientos de especies, así que conviene asegurarse de que tenemos un verdadero aloe vera antes de utilizar sus hojas.
Una planta que merece un lugar en casa
El aloe vera es resistente, fácil de multiplicar, bonito a su manera y generoso con todo lo que guarda en sus hojas.
Quizá no tenga las flores más espectaculares del jardín ni el aroma de la lavanda o el romero.
Pero tiene algo que nos encanta: es una planta útil, de esas que apetece conocer y tener cerca.
Y cuanto más aprendemos sobre las plantas, más descubrimos que no hace falta ir demasiado lejos para encontrar pequeños tesoros.
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