Hay plantas que parecen hechas para los tiempos que vivimos.
La melisa es una de ellas.
Porque vivimos deprisa. Comemos deprisa, contestamos mensajes mientras hacemos otras tres cosas y, cuando por fin llega la noche y tenemos permiso para descansar, resulta que nuestra cabeza decide repasar todo lo ocurrido durante el día. Y ya puestos, también lo de hace siete años.
En medio de todo ese ruido está la melisa, una planta sencilla, aromática y tradicionalmente utilizada para acompañar precisamente esos momentos en los que cuerpo y cabeza necesitan un poco de calma.
Su nombre científico es Melissa officinalis, aunque también puedes encontrarla como toronjil. Pertenece a la familia de las lamiáceas, la misma familia botánica de plantas tan conocidas como la menta, el romero, la lavanda o el tomillo.
Y reconocerla es bastante sencillo: basta con frotar suavemente una de sus hojas entre los dedos. Desprende un delicioso aroma cítrico que recuerda al limón.
Una planta medicinal con mucha historia
La melisa es originaria de la zona mediterránea y Asia occidental, aunque actualmente crece en buena parte de las regiones templadas.
Es una planta herbácea perenne que puede alcanzar alrededor de un metro de altura, con hojas verdes, ligeramente arrugadas y de bordes dentados. Durante el verano produce pequeñas flores claras que atraen especialmente a las abejas.
De hecho, su propio nombre nos da una pista: Melissa significa «abeja» en griego.
Tradicionalmente se recolectan sus hojas y sumidades, preferentemente antes o al inicio de la floración, cuando conservan mejor su característico aroma.
Entre sus componentes encontramos aceites esenciales y diferentes compuestos vegetales como flavonoides, polifenoles y ácidos fenólicos. Pero más allá de convertir una planta en una lista interminable de principios activos —algo que nos parece bastante poco romántico— lo interesante es conocer cómo se ha utilizado tradicionalmente.
Melisa para calmar el sistema nervioso
Probablemente este sea el uso más conocido de la melisa.
En la tradición herbal se considera una planta relajante y tónica del sistema nervioso, y se ha utilizado para acompañar estados de nerviosismo, estrés, irritabilidad o dificultad para conciliar el sueño.
Es una de esas plantas interesantes para incorporar al pequeño ritual que precede al descanso.
Preparar una infusión. Apagar alguna pantalla. Sentarse cinco minutos.
Nada especialmente revolucionario, lo sabemos.
Precisamente por eso nos gusta.
También suele combinarse con otras plantas tradicionalmente utilizadas para favorecer la relajación, como la lavanda, el tilo, la manzanilla, la pasiflora o la valeriana.
Y cuando los nervios se van al estómago???
El cuerpo tiene maneras bastante curiosas de recordarnos que todo está conectado.
Hay personas que sienten el estrés en los hombros. Otras aprietan la mandíbula. Y otras tienen un estómago que parece enterarse de los problemas antes incluso que ellas.
La melisa también ha sido tradicionalmente apreciada como planta digestiva y carminativa. Se utiliza especialmente para acompañar digestiones pesadas, gases, hinchazón o molestias digestivas asociadas al nerviosismo.
Por eso es una planta especialmente interesante después de las comidas.
En la tradición herbal aparece combinada con otras plantas digestivas como la manzanilla, el hinojo o el anís.
Cómo preparar una infusión de melisa???
Una de las maneras más sencillas de disfrutarla es en infusión.
Puedes utilizar hojas de melisa secas o frescas. Coloca la planta en una taza, añade agua caliente y deja reposar unos minutos con la taza tapada.
Este último detalle es importante: al tapar la infusión ayudamos a conservar mejor los compuestos aromáticos de la planta.
Después solo tienes que colarla y beberla tranquilamente.
Y sí, «tranquilamente» forma parte de la receta.
Porque quizá preparar una infusión no vaya a solucionar una semana imposible, pero reservar diez minutos para no hacer absolutamente nada tampoco suele sentar mal.
Una planta que merece un rincón en el huerto
La melisa es además una planta estupenda para cultivar en casa.
Es perenne, agradecida y bastante generosa cuando encuentra un lugar donde está cómoda. Tanto, que a veces tendrás que explicarle amablemente que no necesita conquistar todo el huerto.
Puedes ir recolectando las hojas desde finales de primavera y durante el verano. Si quieres secarlas para utilizarlas durante los meses siguientes, hazlo en un lugar seco, ventilado y protegido de la luz directa.
Después guárdalas en un recipiente bien cerrado y alejado de la humedad.
Algunas precauciones con la melisa
Que una planta sea natural no significa que podamos utilizarla de cualquier manera.
Las plantas medicinales contienen sustancias activas y conviene conocerlas antes de incorporarlas de forma habitual, especialmente si estamos tomando medicación, durante el embarazo o la lactancia, si existen enfermedades previas o si queremos utilizarlas con niños.
También conviene diferenciar entre tomar una sencilla infusión y utilizar preparados concentrados o aceite esencial. El aceite esencial de melisa, por ejemplo, requiere precauciones específicas y no debe utilizarse internamente como si fuera una infusión.
Ante cualquier duda, consulta con un profesional sanitario con conocimientos en fitoterapia.
Volver a conocer las plantas que tenemos cerca
Quizá lo más bonito de aprender sobre plantas medicinales no sea descubrir remedios extraordinarios.
Es recuperar conocimientos sencillos.
Saber qué planta tenemos delante. Cuándo florece. Qué parte se recolecta. Cómo secarla. Cómo preparar una infusión.
Conocimientos que durante generaciones formaron parte de la vida cotidiana y que poco a poco hemos ido dejando atrás.
Y precisamente de eso hablamos cada semana en nuestro boletín de Somos Tierra.
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Porque no hace falta conocer cien plantas.
A veces basta con empezar con una. Y la melisa no es un mal comienzo.
