Llega el otoño y hacemos el cambio casi sin pensarlo. Guardamos las sandalias, sacamos alguna chaqueta, volvemos a dormir con una manta cerca y empezamos a mirar el cielo antes de salir de casa. Pero hay otra cosa que también nota perfectamente que el verano se ha terminado: nuestra piel.
Después de meses de sol, calor, baños, sudor y bastante más vida al aire libre, llega el otoño con temperaturas más bajas, viento y cambios de humedad. Y puede que, casi de un día para otro, notes la piel diferente: más seca, algo tirante o con zonas que antes estaban perfectamente y ahora empiezan a pedir un poco más de atención.
No significa que tengas que cambiar todos los productos del baño ni empezar una rutina de doce pasos. Simplemente ha llegado el momento de escuchar un poco a tu piel y adaptar los cuidados a lo que necesita ahora.
Qué le pasa a nuestra piel en otoño???
Durante el verano la piel está expuesta continuamente al sol, al calor, al cloro de las piscinas, a la sal del mar y al sudor. Aunque la hayamos cuidado, al terminar la temporada puede sentirse algo más seca o deshidratada. Y justo cuando empieza a recuperarse de todo ese trajín veraniego, cambia el tiempo.
Con el otoño llegan temperaturas más bajas y los primeros contrastes entre el frío del exterior y los ambientes más cálidos de casa. Poco a poco también empezamos a utilizar agua más caliente en la ducha. Todo esto puede favorecer que aparezca esa sensación tan típica de tirantez, sequedad o textura algo más áspera, especialmente en brazos, piernas y manos.
Por eso el otoño puede ser un buen momento para observar nuestra piel y hacer pequeños cambios. Sin dramas, sin tirar medio neceser y, sobre todo, sin asumir que necesitamos diez productos nuevos porque ha cambiado la estación.
Empieza por algo muy sencillo: trata tu piel con suavidad
Cuando comienza el frío apetece muchísimo una ducha larga y muy caliente. Lo entendemos perfectamente. El problema llega cuando hay que salir de ella.
Sin embargo, si tu piel tiende a estar seca, quizá agradezca que reduzcas un poco la temperatura del agua y evites las duchas excesivamente largas. También conviene utilizar productos de limpieza suaves y no empeñarse en dejar la piel con esa sensación de “limpieza absoluta” que muchas veces significa, simplemente, que nos hemos pasado limpiando.
La piel tiene su propio equilibrio y una buena rutina de cuidado no debería consistir en retirarlo todo para después intentar compensarlo utilizando cinco productos diferentes.
Exfoliar sí, pero sin lijarte
Después del verano podemos notar la piel algo más áspera y con una textura irregular debido a la acumulación de células muertas en la superficie. Una exfoliación suave y ocasional puede ayudarnos a recuperar una sensación más lisa y agradable y, además, preparar la piel para los productos que aplicaremos después.
La palabra importante aquí es “suave”. No hace falta frotar hasta salir de la ducha con el color de un tomate maduro. En Somos Tierra tenemos un Exfoliante Suave pensado precisamente para retirar las células muertas de una forma agradable y respetuosa con la piel.
Tampoco hace falta establecer un día oficial de exfoliación en el calendario. Algunas pieles agradecerán hacerlo con cierta frecuencia y otras necesitarán mucho menos. Como casi siempre, observar funciona bastante mejor que seguir normas universales.
En otoño, ayuda a proteger la piel de la sequedad
Si hay algo que suele pedirnos la piel cuando bajan las temperaturas es un poco más de cuidado. Es un buen momento para incorporar productos que ayuden a mantener su hidratación y a evitar esa sensación de sequedad y tirantez que suele aparecer con el frío.
Aquí es donde nuestra Crema Humectante Sólida puede convertirse en uno de esos pequeños rituales de otoño. Está elaborada con aceites, mantecas y ceras y está especialmente pensada para las pieles que tienden a sentirse secas.
Además, utilizarla es muy sencillo. Puedes pasar la pastilla directamente sobre la piel y dejar que el propio calor corporal funda ligeramente la superficie, o frotarla primero entre las manos y después masajear. A nosotros nos gusta especialmente utilizarla después de la ducha, dedicando un minuto a esas zonas que empiezan a notar antes la llegada del frío, como brazos, piernas, codos o manos.
Y eso es precisamente lo que buscamos con nuestra cosmética sólida: que cuidarse no se convierta en otra obligación más del día, sino en un pequeño momento agradable.
Las plantas también forman parte de este cambio de estación
Nuestra forma de entender el cuidado de la piel está inevitablemente ligada a las plantas. Muchas de las que utilizamos las cultivamos o recolectamos nosotros mismos en nuestro entorno del Prepirineo y con ellas elaboramos preparados que después incorporamos a nuestros productos.
Caléndula, romero, malva, lavanda… Plantas sencillas y cercanas que llevan generaciones formando parte de los cuidados tradicionales. Para nosotros tiene mucho más sentido trabajar con ellas que perseguir cada ingrediente nuevo que se pone de moda.
Quizá por eso también nos gusta pensar el otoño como una invitación a simplificar. Observar cómo está nuestra piel, limpiarla con suavidad, exfoliar cuando realmente lo necesite y darle un cuidado extra cuando empiece a sentirse más seca. No necesitamos mucho más.
Porque una rutina de cosmética natural no debería consistir en acumular productos. Debería ayudarnos a conocer mejor nuestra piel y aprender a darle lo que necesita en cada momento del año.
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